La motivación es probablemente el más fundamental de los
elementos con los que un estudiante debe abrazarse en su proceso
educativo. Antes que cualquier proceso
están las razones por las que un estudiante está en clase ya sea de forma
presencial o frente a una pantalla. Es mucho lo que la generación de los Baby
Boomers conoció respecto a métodos conductistas en los que se gratificaba castigaba la producción de los
estudiantes, esa aproximación poco a poco va quedando en el pasado para dar
paso a nuevas perspectivas que ya llevan adelantada la revolución educativa del
siglo XXI.
Hoy en día y encarando los retos en materia de educación
existe amplia teoría respecto cómo
motivar a los estudiantes para involucrarse de lleno en su propio
proceso de aprendizaje. Partiremos
entonces desde el postulado constructivista en el que cada estudiante es
responsable de forjar su propia educación.
El aprendizaje, por lo tanto es un proceso cognitivo subjetivo sujeto a
la experiencia del individuo que puede incluir un universo de factores tanto
externos (distancia geográfica, diferencias étnicas, sociales, culturales, fatiga física, estrés, etc.); además de múltiples factores internos como
los relacionados con actitudes, aptitudes, e inclusive inteligencia emocional.
Los estudiantes más exitosos en su proceso de aprendizaje
son aquellos que se descubren protagonistas de su propio aprendizaje, que
logran ejercitar su autonomía sus competencias y su relación subjetiva respecto
a algún concepto o destreza a adquirir.
En última instancia la motivación de un estudiante se inclinará en
dirección de lo que considere alcanzable y realizable.
Según dicen Bandura, Corno y Mandinach, el enfoque moderno hacia el aprendizaje se
inclina más hacia el desarrollo de habilidades que hacia la memoria, es por eso que un educador diestro sabrá
reconocer las luchas, temores,
frustraciones y demás factores que obstaculizan el proceso de aprendizaje en
sus estudiantes con el propósito de ayudarles a aceptar su éxito y su fracaso
mientras “manipulan y amasan” su propia construcción educativa.
Este artículo entonces tiene un enfoque orientado a ver con
cómo mantener a los estudiantes
conectados, entusiastas y expectantes
con su proceso educativo. Algunas
recomendaciones prácticas tiene que ver con el agregar valor a los contenidos
de un curso con la intención de conectar los intereses de los estudiantes con
los contenidos educativos para crear un ambiente de fluidez. Obviamente la fluidez se logrará si las metas
se establecen con claridad, obtienen realimentación inmediata y continua además
de ofrecer un balance entre sus destrezas y aquellas por adquirir con el
objetivo de que ni se aburran ni se frustren a extremos de caer en un punto
muerto.
Una de las fórmulas que ha demostrado ser muy efectiva
tiene que ver con el fomento de la sinergia entre la motivación y el
aprendizaje activo. Se logra sinergia al
crear un ambiente de comunidad en el seno de confluencia de los estudiantes. No será difícil alimentar el sentido de comunidad
dado que los estudiantes dado que los humanos somos seres sociales y los
estudiantes universitarios en particular florecen en el seno de la vida
comunitaria. Una buena estrategia será
vender a los estudiantes el concepto de que la clase es una comunidad de
aprendizaje en la que se ejercitan destrezas y se fomenta la interacción
intelectual.
Las tendencias educativas de este siglo siguen poniendo en
relieve el valor de la educación centrada en el estudiante en la que profesor
abandona su rol monolítico tradicional para convertirse en un facilitador-catalizador
que propiciará el aprendizaje colaborativo,
que guiará a los estudiantes a alcanzar un nivel óptimo de desafío con
respecto su propio desarrollo cognitivo
en el que el estudiante también tendrá el poder de evaluarse a si mismo. Este
proceso evaluativo ofrece al estudiante la oportunidad de ensayar, practicar,
consultar recursos y obtener realimentación conforme refina sus
ejecuciones.
Otra de las grandes labores a asumir en la construcción de
la motivación tendrá que ver con destrezas que van más allá del desarrollo
cognitivo. Es imperativo que el educador
anime en sus estudiantes estudiantes el espíritu de equipo con capacidades individuales
de síntesis, paráfrasis, imaginación, creación, creación de analogías, tomar notas,
etc. Estas herramientas o recursos prácticos
ayudarán al estudiante a organizar sus pensamientos de la misma manera que
organiza sus archivos tengo una computadora. El desarrollo sistemático de esas
herramientas contribuirán a que el estudiante se involucre más activa y fructíferamente en la construcción de su educación.
El educador generalmente está sumido en una tensión existente entre ideas, destrezas
y contenidos didácticos y el método para hacer “aterrizar” o inculcar esos
aspectos en el estudiante con el ideal de que el último los tome y los haga
suyos. Es imposible hablar de
motivación si no se considera el factor holístico en el que tanto la emoción,
la cognición y el cuerpo físico intervienen en el proceso de aprendizaje. Un
educador efectivo sabrá encontrar
los canales de aproximación con los estudiantes para crear una empatía
emocional que genere motivación hacia una educación más activa y significativa
para el estudiante.

Buenas noches Chuck, me parece excelente el artículo. Deja muy claro las actividades que se deben emprender para que el estudiante, a partir de la motivación, sea un aspecto clave para el logro de un aprendizaje significativo. Es necesario que la experiencia y conocimiento acumulado sea la base para establecer las interconexiones y producir nuevo conocimiento, a partir de la reflexión, del análisis. Pero para el logro de ello es prioritario la sinergia entre la motivación tanto intríseca como extríseca al sujeto aprendiente, y con ello considerar no solo los aspectos cognitivos, sino también el contenido emocional de quienes aprenden. Es necesario, tal y como lo apunto usted, promover la interacción intelectual, que lo podemos lograr a partir del fomento de las comunidades aprendientes.
ResponderBorrarEn este sentido los docentes tienen la responsabilidad y el compromiso de generar espacios que incentiven la participación activa de los sujetos aprendientes, ambientes de aprendizaje flexibles, de confianza, de interacción, que promuevan la autodirección y la autonomía en el logro de las metas propuestas.
Saludos
Emilce
Buenas Emilce,
ResponderBorrarEs indiscutible que los estudiantes deban hacer el trabajo, en última instancia es su aprendizaje el que están trabajando y construyendo, he descubierto que es relativamente más fácil ser un facilitador en procesos de aprendizaje que ser la figura magistral que habla sin parar y termian exhausta. También es más gratificante ver ese brillo en los ojos de los estudiantes cuando descubren algo y cuando ese algo llega finalmente a tener sentido en su mente, ese tipo de aprendizaje se queda con ellos para el resto de sus vidas. Saludos cordiales compañera.